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Los funcionarios y los teóricos del comercio exterior mexicano esgrimían como elemento fundamental para participar en el TPP y su negociación, el hecho de que Estados Unidos estaba participando en dicho proyecto y, siendo nuestro principal socio comercial, México debía de estar ahí para defender sus intereses e imponer sus criterios.

Con la salida de Estados Unidos decretada por Donald Trump, prácticamente no había razón para que México permaneciera en la mesa de negociación, y mucho menos, que participara en dicho proyecto que, a todas luces, resultaba negativo para nuestro país debido a la nula competitividad de nuestro marco sistémico, lo que se reflejaría en la nula posibilidad de ganar con esa aberrante decisión; sin embargo, nuestros altísimos funcionarios insistieron en permanecer señalando que mucho se había invertido en tiempo y dinero, y había que aprovechar lo negociado.

Conviene señalar que de las 126 variables que miden la competitividad de México con “los nuevos socios”, nuestro país sólo tiene ventaja en 18 y total desventaja en 108, situación que se refleja en el creciente déficit comercial que sostenemos con esos 6 nuevos países con los que firmaríamos un TLC, el instrumento básico y preferido de nuestros dogmáticos funcionarios en materia de política de comercio exterior, y que supuestamente nos garantizaría el acceso a más de 1,300 millones de consumidores en 54 países.

Así, con nuestros nuevos socios: Australia, Nueva Zelanda, Brunéi, Malasia, Singapur y Vietnam, en el periodo 1993/2018 acumulamos un déficit de -150,483 millones US, que no es otra cosa que el reflejo de que no contamos con elementos para competir, así como tampoco (ni remotamente), reducir un déficit que resulta escandaloso y grosero.

Así, el desconocimiento que esos teóricos y altísimos funcionarios mexicanos tenían de nuestra competitividad, de la estructura de la planta productiva nacional, de la oferta exportable, de la operación real del comercio internacional y de nuestro comercio exterior, nos embarcó en un proyecto nulo de origen.

Los primeros 8 meses del 2019, confirman la pésima idea que esos burócratas habilitados como expertos en comercio internacional tenían de lo que debía ser el comercio exterior de México, pues importantes decisiones se tomaron al “tanteo”, sin el mínimo de lógica ni fundamento ya que en este periodo, nuestro déficit con esos países continúa incrementándose debido a que nuestra exportación a esos 6 países registró un decremento de -376 millones US, en tanto que la importación procedente de los mismos se incrementó en 1,400 millones US.

Así, nuestro déficit que en los primeros 8 meses de 2018 fue de -8,021 millones US, en el 2019 ya fue de -10,866 millones US. Incluyendo a Japón, el déficit sería de -20,421 millones US, nada más.

Sin duda, la delicada situación que vive la economía mexicana sólo podrá ser aliviada si el comercio exterior, que realmente debió haber sido nuestra palanca del desarrollo, se logra utilizar adecuadamente diseñando una estrategia integral y realista que considere los elementos esenciales para su éxito, dejando a un lado el “tanteo” que mucho se ha utilizado en los 25 años más recientes.

Fuente: El Semanario.

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