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Mucho antes de que Reino Unido votara para abandonar la Unión Europea, a los euroescépticos británicos les gustaba afirmar que el brexit convertiría al país en una nación independiente y de libre comercio. La joya de la corona de los acuerdos comerciales, argumentaron, sería con Estados Unidos.

Es fácil ver por qué esta idea es popular entre los partidarios del brexit. Estados Unidos no solo es el mayor socio comercial de Reino Unido, sino también la economía más grande del mundo. ¿Por qué una Gran Bretaña de libre comercio no querría escapar de los grilletes de la Unión Europea y vender productos a su aliado más cercano y que gasta libremente?

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parecía entusiasmado con tal resultado la semana pasada, afirmando que Reino Unido, una vez libre de Bruselas, podría hacer cuatro o cinco veces más comercio con Estados Unidos.

Pero hay una cuestión: Trump dijo que esto no podía hacerse con el acuerdo de brexit que el primer ministro Boris Johnson negoció recientemente con la Unión Europea. De hecho, dijo que Johnson no solo debería abandonar el acuerdo, sino dar el controvertido paso de trabajar con Nigel Farage, líder del Brexit Party, que favorece abandonar la Unión Europea sin un acuerdo.

Teóricamente, hacerlo permitiría a Reino Unido alcanzar un acuerdo comercial rápido y fructífero con Estados Unidos. Algunos dentro del gobierno británico creen que esta alianza también agudizaría las mentes en Bruselas, presionando a la Unión Europea para que finalmente ceda y otorgue a Reino Unido un acuerdo comercial propio, en los términos de Londres.

Por lo tanto, Reino Unido tendría dos acuerdos de libre comercio firmados en un tiempo récord, lo que demuestra a los pesimistas que el brexit puede ser un gran éxito después de todo. Cuando Trump habló con Johnson recientemente, expresó su deseo de alcanzar un acuerdo de libre comercio “robusto” una vez que Reino Unido abandone la Unión Europea, según la Casa Blanca.

Si todo suena demasiado bueno para ser verdad es porque lo es. En lugar de llegar a un acuerdo ideal con Estados Unidos, es probable que Reino Unido se enfrente a una falange de funcionarios comerciales estadounidenses de línea dura que intentarán abrir los mercados británicos a más productos estadounidenses. Cualquier acuerdo necesitaría ser ratificado por la Cámara de Representantes, un organismo actualmente controlado por demócratas preocupados de que el brexit pueda socavar el acuerdo de paz del Viernes Santo en la isla de Irlanda.

Y cuanto más se examina cómo sería un acuerdo comercial, menos atractivo resulta para Reino Unido.

Lograr un acuerdo

Estados Unidos también posee todas las cartas diplomáticas. Como Allie Renison, directora de política europea y comercial del Institute of Directors, dijo a CNN Business: “Es raro que ellos prioricen un acuerdo en primer lugar; otros países a menudo quieren acceder al mercado estadounidense por razones políticas y lo ven como una expresión de alianza”.

Todo lo cual significa que Estados Unidos inicia cualquier negociación desde una posición de fortaleza.

Esto crea un problema inmediato para Reino Unido. Estados Unidos, que ya tiene un superávit comercial con Reino Unido, no está dispuesto a otorgar un acuerdo comercial que derrame dinero en Reino Unido sin pedir muchas cosas a cambio. Y las demandas de Washington podrían no ser agradables, sobre todo en productos agrícolas, incluidos alimentos y atención médica.

“Las prioridades de Estados Unidos serían bastante difíciles de asumir para el Reino Unido porque se centran en la adquisición de productos agrícolas y medicamentos”, dice Sam Lowe, investigador principal de comercio en el Centre for European Reform.

Estas demandas le dan ventaja a aquellos que se oponen a la idea de un acuerdo comercial con Estados Unidos, ya que confirman sus dos mayores temores.

Bajar estándares

Tomemos como ejemplo los estándares alimenticios. En esta área, las regulaciones de Europa son generalmente aceptadas como más estrictas que las de Estados Unidos, y los negociadores comerciales estadounidenses sin duda buscarán eliminar algunas de estas barreras para vender en el mercado británico.

Pero esto es políticamente problemático en Reino Unido. Los británicos se sienten muy incómodos ante la idea de que les sirvan pollo lavado con cloro o carne tratada con hormonas. A medida que inician las campañas de elecciones generales en Reino Unido, el líder opositor del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, utilizó su discurso de lanzamiento de campaña para decir que los conservadores de Johnson pondrían pollo clorado en los estantes de los supermercados británicos y que “reducirían los estándares alimenticios” para que coincidan con los de Estados Unidos, donde hay “niveles aceptables de pelo de rata en la paprika y gusanos en el jugo de naranja”.

Y cualquier dilución de los estándares alimenticios en Reino Unido tendría implicaciones más amplias para cualquier acuerdo comercial que pudiera alcanzar con Europa, dado que el pollo clorado está prohibido en la Unión Europea.

Además, están los estándares de bienestar animal de la Unión Europea. En Reino Unido, el bienestar animal es un gran problema. La posibilidad de inundar el país con productos de gallinas sometidas a violencia o granjas que permitan que se les hagan cosas malas a los animales lindos no sería popular.

Pelea por el servicio de salud.

Pero las escaramuzas sobre los estándares alimenticios no serían nada en comparación con la guerra política sobre el venerado National Health Service (NHS) de Reino Unido, que brinda atención médica gratuita en el mismo punto, pero cuyo costo ha sido oneroso.

Un punto central de la campaña electoral del Partido Laborista es una afirmación de que Johnson está listo para vender el NHS a Trump.

Es un mensaje poderoso, incluso si no es estrictamente cierto. Estados Unidos no quiere administrar hospitales británicos en particular. La verdadera discusión con Estados Unidos sería sobre cómo adquiriría el NHS medicamentos de las compañías farmacéuticas privadas.

Las compañías farmacéuticas estadounidenses ya pueden competir por los contratos de adquisición de medicamentos del NHS. Pero Washington cree que otros gobiernos presionaron a las compañías farmacéuticas para que cobraran por debajo del valor de mercado de sus medicamentos. En cualquier negociación comercial con Reino Unido, la forma en que el país evalúa un precio justo por los medicamentos probablemente estaría sobre la mesa.

Como explica Lowe, cuando Washington negoció su acuerdo comercial con Seúl, "logró que Corea del Sur aceptara que las compañías estadounidenses pudieran desafiar el valor razonable de los medicamentos”. Un resultado similar en cualquier acuerdo con Londres significaría medicamentos más caros en el mercado británico.

Tal vez sensibles al daño político que podría causar esta línea de ataque, los ministros del gobierno británico se han alineado para descartar esto. Uno, Michael Gove, dijo a la BBC esta semana que el gobierno había “dejado perfectamente claro que los precios de los medicamentos no subirán”.

Este podría ser el objetivo, pero, en realidad, hasta que los equipos de negociación se sienten a hablar, no es algo que realmente él pueda asegurar.

Pero ¿y si hubiera un acuerdo?

Digamos que el Reino Unido, impulsado por su relación históricamente cercana con Estados Unidos y superimpulsado por la química personal de Johnson con Trump, logra superar estos obstáculos . ¿Qué pasa entonces con la afirmación de Trump de que el comercio podría aumentar en cuatro o cinco veces su nivel actual?

Es difícil ver exactamente de dónde provendría la demanda de este comercio transatlántico adicional. Como explica Grozoubinski, Reino Unido aún no ha identificado ninguna “solicitud lucrativa o identificable” de Estados Unidos en casi tres años de búsqueda. "Estados Unidos ya es una economía bastante abierta en las áreas en las que está dispuesto a abrirse. Los acuerdos comerciales son fundamentalmente para eliminar las barreras al comercio. Para que la afirmación de Trump sea cierta, tendría que haber muchas más barreras para el comercio británica que las que existen”.

Y, en cualquier caso, vale la pena repetir la afirmación de Trump de que un acuerdo solo podría suceder si Reino Unido se separa de Bruselas sin un trato. ¿Y qué podría significar eso?

Una salida desordenada podría conducir fácilmente tanto a una escasez de alimentos como a un aumento en los costos de los medicamentos. Reino Unido importa más bienes de la Unión Europea de los que vende. Reino Unido aún necesitaría esos bienes, por lo que habría un impacto inmediato. Lowe dice que la libra esterlina se debilitaría frente al euro, haciendo que a los británicos les resulte más caro importar productos de los países de la eurozona.

Si bien un acuerdo comercial con Estados Unidos abriría al Reino Unido a una gama más amplia de bienes, el costo y calidad impredecibles y la gran cantidad de tiempo que tomaría llegar hasta ello hacen que el acuerdo parezca cada vez menos atractivo para los políticos.

El problema de la importación se extiende más allá de los bienes de consumo. El Royal College of Radiologists ha expresado reiteradamente su preocupación por el impacto que las demoras podrían tener en la efectividad de los materiales utilizados en el tratamiento del cáncer.

¿Qué pasa con las exportaciones?

La principal preocupación para las empresas británicas después del brexit es la facilidad y el bajo costo en que pueden vender sus productos en el extranjero.

Dejar el mercado único y la unión aduanera de la UE crearía problemas para las cadenas de suministro y un dolor de cabeza para los exportadores. “Tiene mucho sentido que una compañía fabrique la mitad de su producto en Polonia, una cuarta parte en Alemania y luego lo termine en Reino Unido antes de enviarlo a todo el mundo, porque esas fronteras básicamente no están allí”, dice Grozoubinski. “Después del brexit, eso probablemente ya no tendrá sentido para muchos fabricantes”.

Las nuevas barreras comerciales con la Unión Europea alentarían a las automotrices japonesas que han construido grandes fábricas en Gran Bretaña a llevar sus negocios a otra parte. Honda planea cerrar una importante fábrica en Inglaterra que emplea a 3,500 personas, y Nissan ha descartado sus planes de construir ciertos modelos en su planta masiva en Sunderland.

Reino Unido exporta muchos más servicios que bienes. Tal como están las cosas, una compañía de seguros con sede en Londres puede vender un producto a un cliente en cualquier parte de la Unión Europea y recibir el mismo trato que una compañía de servicios de ese país.

Sin embargo, según las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que entrarían en vigor tan pronto como Reino Unido abandonara la Unión Europea, si no existe un acuerdo formal, es perfectamente legal obstruir a un tercero que opera de esta manera.

Y aunque la Unión Europea podría no querer causar un caos de la noche a la mañana, sí podría cerrar el grifo de servicios británicos. “Después del brexit, la UE tiene todos los incentivos para decir: ‘Hola, Dublín, París, Frankfurt, ¿quisieran que gente con mucho dinero comiera en sus restaurantes?’”, explica Grozoubinski. “¿Por qué deberíamos continuar proporcionando a Reino Unido un alto acceso preferencial cuando queda en claro que quiere hacerlo en términos bastante violentos?”.

Actualmente es más fácil intercambiar servicios en toda la Unión Europea que a través de las fronteras estatales de Estados Unidos. Es por eso que Estados Unidos no puede ofrecer a Reino Unido mucho en servicios. “El mercado de servicios estadounidense no es muy completo y muchas de las regulaciones se realizan a nivel estatal”, dice Lowe.

Entonces, ¿por qué el Reino Unido lo consideraría?

Considerando todos los problemas que podría causar la priorización de un acuerdo comercial con Estados Unidos —desde la imprevisibilidad en el suministro de alimentos hasta el caos económico—, ¿por qué un gobierno británico consideraría siquiera la posibilidad de hacerlo?

Junto con las razones obstinadas por las que algunos votaron para salir, hubo mucho romanticismo sobre el Reino Unido reclamando su estatus como nación soberana. Un acuerdo comercial veloz con Estados Unidos sería un gran trofeo político para un líder británico.

Y muchos partidarios del brexit creen sinceramente que un acuerdo comercial con Estados Unidos resultará positivo para Reino Unido.

Como Shanker Singham, un abogado de competencia y comercio a favor del brexit, dijo a CNN Business, un acuerdo comercial “podría generar beneficios sustanciales para Reino Unido. Él dice que el país “debería querer un [acuerdo de libre comercio] integral con la Unión Europea y también un acuerdo integral con Estados Unidos”, señalando que “muchos países tienen ambos acuerdos ahora”. También afirma que “el NHS se beneficiaría de una competencia más abierta”.

Pero el camino para llegar a ese acuerdo es peligroso. Después de tragarse todas las demandas de Estados Unidos, el gobierno británico habrá gastado mucho capital político. Y no solo en casa: aceptar estas concesiones hará que cualquier acuerdo futuro con Europa sea muy difícil.

Dar prioridad a un aliado que te obliga a hacer cosas que no quieres por tu socio comercial más cercano a cambio de un acuerdo que te dejará más pobre es una política interna muy extraña. Pero tres años de parálisis por el brexit han dejado al Reino Unido en un punto muy extraño.

Tiene que demostrar que puede abandonar la Unión Europea sin causar demasiado daño. Desafortunadamente, la forma de hacerlo no parece ser acurrucándose con su aliado más cercano.

Fuente: Expansión.

En la opinión de:

A.A. Felipe M. González Jaimes
Presidente de CLAA.

Es sabido que Estados Unidos negocia duramente en los acuerdos comerciales. “ Saben que, libra por libra, el acceso a su mercado significa más para ellos que lo que significa el acceso a su mercado”.

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